Diario de mi vida de Maria Bashkirtseff

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Diario de mi vida 
de Maria Bashkirtseff
Traduccion de Betina Pla
CEAL - Argentina - 1977

 
María Konstantinovna Bashkirtseva nace el 24 de noviembre de 1858 en Gavrontsy, población rural de Ucrania, en el seno de una familia de alto linaje aristocrático. Tras la separación de sus padres, siendo María una niña aún, acompañó a su madre en sus constantes viajes por Europa, llegando a vivir temporadas en Viena, Baden y Ginebra. A los doce años le pide a su familia trasladarse a Niza, consciente ya de que esa ciudad le permitiría desarrollar sus dotes artísticas. Es allí donde, a los trece años, inicia la redacción de un diario en el que, sin pudor, pone al descubierto su particular psicología y su visión personal de la lucha de las mujeres artistas.
 
Además del ruso y francés, que conocía desde la cuna, María habla inglés, alemán, italiano, griego y latín. También muestra gran interés por la música, para la cual estaba especialmente dotada, llegando a tocar el arpa y el piano. Aprende a bailar el ballet clásico de los grandes compositores rusos y su prodigiosa voz de mezzo-soprano la anima a probar suerte en el mundo de la ópera.
A los diecinueve años, cuando una tuberculosis ya irreversible trunca sus proyectos como cantante, decide trasladarse con su familia a París e iniciar allí su carrera en las bellas artes. Alterna sus clases en la Academia del maestro Rodolphe Julian (uno de los pocos establecimientos en que aceptaban estudiantes femeninas) con visitas a balnearios curativos donde encontrar remedio al mal que la va consumiendo. Se dedica a la pintura con el mismo entusiasmo con que lo hizo a la música y ni siquiera su quebradiza salud la disuade de salir a las húmedas y frías calles parisinas a la caza de imágenes que, luego, darán vida a sus telas y cartones.
 
María no abandona la diaria redacción de su vida, y es a través de sus escritos que sabemos de la lucha titánica de esta mujer por superar su enfermedad. En sus página cuenta el sufrimiento que le producen las curas, llegando a padecer una sordera que la aísla y apenas le permite escuchar las arias de la ópera cuando acude al teatro. Aun así, María no se resigna a perder este personal pulso con la muerte y sigue creando.