Diario Intimo de Enrique F. Amiel

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Diario Intimo
de Enrique F. Amiel
Cliper - ACME - Argentina - 1945

FRAGMENTO:

30 de septiembre de 1850

Las relaciones del pensamiento con la acción me han preocupado mucho al despertar hoy, y esta fórmula extraña y seminocturna me hace sonreír. La acción es sólo el pensamiento condensado, concreto ya, oscuro, inconsciente. Me parece que nuestros menores actos, como dormir, andar, comer, etc. son la condensación de una multitud de verdades y de pensamientos, y que la riqueza de ideas que se escapan está en razón directa de la vulgaridad del acto (como el sueño, que es más activo mientras más profundamente dormimos). El misterio nos asedia, y justamente lo que vemos y hacemos todos los días es lo que oculta la mayor suma de misterios. Por medio de la espontaneidad, reproducimos analógicamente la obra de la creación; si lo hacemos inconscientemente, es un acto simple; si de un modo consciente, es el acto inteligente y moral. En el fondo, esto es la sentencia de Hegel; pero jamás me ha parecido más evidente y más palpable. Todo lo que hacemos es pensamiento, pero no pensamiento consciente e individual. La inteligencia humana es la conciencia del ser. Es lo que yo formulé hace tiempo de este modo: "Todo es símbolo de símbolo. ¿Y símbolo de qué? Del espíritu.
... Acabo de hojear las obras completas de Montesquieu, y no puedo explicar bien la imprensión que me produce ese estilo singular, lleno de gravedad, de una facilidad tan concisa, de una fuerza tan fina, malicioso bajo su frialdad, indiferente y a la vez curioso, dividido y hecho a golpes, como notas que parecen arrojadas al azar y que están meditadas sin embargo. me parece ver
 una inteligencia que, seria y austera por naturaleza, se viste convencionalmente con el ingenio. El autor desea estimular e instruir al mismo tiempo. El pensador tiene también mucha agudeza y el jurisconsulto es un petimetre que lleva perfumes de Gnido al tribunal de Minos. Es la austeridad tal como la entendía el siglo en filosofía y en la religión. En Montesuieu, el rebuscamiento, si es que hay alguno, no está en las palabras, sino en las cosas. La frase corre sin obstáculo ni cuidado alguno; pero escuchamos el pensamiento.