El cero y el infinito de Arthur Koestler - Prologo de Mario Vargas Llosa

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El cero y el infinito de Arthur Koestler
Prologo de Mario Vargas Llosa
Debols!llo - España - 2010
LIBRO NUEVO

El cero y el infinito da a conocer las confesiones que los viejos bolcheviques se vieron forzados a hacer en los Juicios de Moscú.
Durante las purgas estalinistas, el viejo revolucionario Nicolás Rubachof es encarcelado y sometido a tortura psicológica por el partido al que ha dedicado toda su vida. La presión que el régimen ejerce sobre él terminará por mostrarle la ironía y la vileza de una dictadura que se cree instrumento de liberación. Publicada originalmente en 1941, El cero y el infinito es la obra maestra de Arthur Koestler, un retrato estremecedor del totalitarismo y sus mecanismos de destrucción moral.
«Koestler nos legó una obra que por siempre resultará atractiva y estimulante a quienes admiren a los hombres de principios o disfruten sin más de las batallas de ideas.»

 

Publicada en 1940, ilustra los mecanismos de la destrucción de la personalidad y el envilecimiento de las víctimas que pusieron en evidencia los procesos de Moscú de los años treinta. 
La novela, una suerte de glacial teorema, transcurre en la prisión a la que ha sido conducido un dirigente de la vieja guardia bolchevique caído en desgracia, Rubashov, personaje, según cuenta Koestler en sus memorias, calcado en sus ideas de Nikolai Bujarin, y en su personalidad y rasgos físicos de León Trotski y Karl Radek. Para debilitar su resistencia, Rubashov es sometido a mortificaciones como impedirle dormir y enfrentarlo a reflectores deslumbrantes.

Koestler, que fue comunista convencido, escribe sobre los extraños procesos de Moscú, donde cientos de antiguos miembros del partido, de los primeros revolucionarios, se autoinmolan para salvar al partido, la idea stalinista del partido. Rubashov, uno de los héroes de la revolución, es encarcelado como todos sus antiguos compañeros, desaparecidos uno a uno. En la cárcel, Rubashov, entre los descansos de los interrogatorios, repasa algunos momentos de su vida al servicio de la revolución, su anteriores detenciones, la ilógica de las decisiones del partido, cómo era imposible la aparición del "yo". A trompicones despierta del ideal comunista, aunque justifica la farsa de los juicios y las mentiras sobre las acusaciones como último deber hacia el partido. 

Fuimos tomados por locos porque seguimos cada pensamiento hasta su consecuencia final, y obramos de acuerdo con ello. Fuimos comparados con la Inquisición, porque, como ella, sentíamos constantemente el peso de la responsabilidad por la superindividual vida futura, y, realmente, nos parecíamos a los grandes inquisidores en que perseguíamos las semillas del mal no solamente en las acciones de los hombres, sino en sus pensamientos. No admitíamos ninguna esfera privada, ni aun dentro del cráneo del hombre. Vivíamos bajo la coacción de continuar lo empezado hasta su conclusión final, y nuestra mente estaba cargada hasta tal punto, que la más ligera colisión ocasionaba un corto circuito mortal. Esto nos condenaba a una destrucción mutua. 
Arthur Koestler 
El cero y el infinito