La gata de Colette

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LA GATA
COLETTE
Traduccion E. Piñas
Plaza y Janes Editores - 1976
España
 
“Alain volvió la cabeza sin levantar la nuca hacia la puerta vidriera abierta por donde entraba un suave olor a espinacas y heno fresco, porque habían segado el césped durante el día. La madreselva que cubría un gran árbol muerto también aportaba la miel de sus primeras flores. Un tintineo cristalino anunció que los azucarillos de las diez y el agua fresca entraban en las temblorosas manos del viejo Émile, y Camille se levantó a llenar los vasos.” En el relato es recurrente esta continua alusión a los perfumes y olores, a la naturaleza que les envuelve en el viejo jardín, a la vida vegetal y animal, a las sensaciones, como contrapuestas a la vida racional. Un espíritu de irracionalidad impregna el texto.
En La gata (1933), efectivamente, hay un derroche de sensualidad que podríamos calificar de salvaje. Lo que nos narra la escritora francesa es una breve historia de amor y de celos. Pero una historia peculiar. En el triángulo que se produce, el tercero en discordia es una gata. La pasión de Alain por su Saha, que a su vez le resulta un recuerdo vivo de su adolescencia, consigue crear una situación límite en su recién constituido matrimonio con Camille, una jovencísima y ardiente morena, amiga de la infancia, que pertenece a un medio social distinto, económicamente boyante, pero no aristocrático como la familia de Alain, que posee un nivel sociocultural alto, pero su economía está en retroceso. Ese choque desnivelado, y a la vez, el abandono definitivo de la infancia, de la protección familiar, del nido, que supone el matrimonio, son elementos destacados en la novela. Dos seres que se atraen sensualmente, que se desean y que creen amarse, viven en un perpetuo estado de tensión por la presencia continua y perturbadora de Saha, la gata de Alain.
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